El aire señorial permanece intacto, aunque sus callecitas y azulejos aparecen desgastados. No importa, Portugal no pierde la magia, ni el ritmo, ni sus vistas.
Quizás los visitantes agobien esta ciudad maravillosa, llena de calles empinadas, trolleys y mucho jabón.
Descubrirla de la mano de quien la habita es un regalo, y saborear junto a él su nueva cocina, sus tradicionales pastelitos de nata y lo que está en boga, no tiene precio.
El compendio de Viaje de nuestro socio Sebastián Aguirre, de @saiduya.studio por una ciudad que está de moda, y se sabe por qué.





















