Entre medio de adoquines, la prosa de García Márquez esquiva a los cantantes callejeros y su realismo mágico es un sensual candombe.
La casa del escritor se sumerge en el color y un calor intenso, las personas que transitan a pie, los sabores que te acompañan hasta el anochecer, ritmo, paseo en coche tirado por caballos y belleza, por todas partes la hay.
La historia de una ciudad amurallada que encierra un entusiasmo, el de Cartagena de Indias y su cadencia, su cultura, la ceremonia a media luz, Candé, Juan del Mar, Santa Clara no se dan en otro lugar. Ninguno resistiría un alma tan excéntrica, ni tan viva.
Nuestra socia @isidorslobosinteriorismo la recorrió entera y el hechizo fue evidente.





















